PON UN SCOUT EN TU VIDA

Por Akela

El origen de este articulo, que a diferencia de todos los que en esta revista podéis encontrar, es que es un articulo colectivo, no está escrito solo por mi. Pero comencemos por el principio.

Hace un tiempo, estaba visitando una web de Internet que habla sobre los Scouts en busca de inspiración para hacer con mi lobatos cuando de repente me topé con el siguiente artículo:

 

¿Por qué dejar que mis hijos se inscriban en los scouts?

 

Una de las principales razones argumentadas por muchos padres a la hora de consentir y animar el ingreso de sus hijos en los scouts es la educación en valores que desarrolla nuestro programa.

En esta ocasión os traigo al blog algunos artículos para hacer hincapié en otros aspectos que, aunque son conocidos o intuidos por todos, son igualmente dignos de tener en cuenta.

El otro día cayó en mis manos un artículo de Angela Hanscom, una terapeuta ocupacional pediátrica que ha elaborado un programa denominado TimberNook, mediante el cual trata de fomentar la creatividad, imaginación e independencia en los chicos.

En sus campamentos, realizados en plena naturaleza, los chavales pueden crear, explorar y desarrollar recursos que les permiten crecer adecuadamente. Los chicos construyen puentes de madera diseñados por ellos mismos, recogen zanahorias de su huerto o caminan por arroyos buscando cangrejos de río.

La idea que subyace en estas actividades es la de reconectar a los chavales con la naturaleza, con el fin de conseguir un desarrollo integral de cuerpo, mente y espíritu.

Según Hanscom los niños deberían corretear y saltar por los parques, subirse a los árboles y pasar más tiempo jugando entre ellos, cosa cada vez más infrecuente debido principalmente a dos factores. El primero es el miedo irracional de los padres (que parecen haber olvidado su propia infancia) y el segundo son las frenéticas rutinas de la sociedad actual, con una programación antinatural de gran cantidad de actividades extraescolares.

Para esta terapeuta detrás de las inaceptables cifras de niños diagnosticados con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) puede existir un sencillo factor: la falta de un sano equilibrio entre actividades físicas y horas de clase sentados. Resulta evidente que los niños de hoy no se mueven lo que deberían y nos explica su argumento:

“Recientemente le hice un favor a una profesora y observé una clase de quinto grado. Entré calladamente y me senté al final de la sala. La profesora leía un libro a los niños y el día ya terminaba. Nunca había visto nada parecido: Algunos niños se balanceaban en sus sillas en ángulos extremos mientras que otros se movía hacia adelante y atrás. Varios mordisqueaban sus lápices y había un niño que se golpeaba la frente con una botella de agua de manera rítmica” (a mí esto me recuerda a los animales en un zoo, donde se mueven de modo acompasado y sin sentido…y a continuación vemos la explicación, que es la misma).

Lo que podía parecer simple fatiga después de un duro día se reveló como algo más importante tras realizar una serie de pruebas físicas. La mayoría de los niños tenía falta de fuerza abdominal y de equilibrio en comparación con los chicos de los años 80. Sólo 1 de cada 12 estaban dentro de los niveles normales.

¿Cómo era esto posible?

Pues ni más ni menos que por la falta de movimiento. Los juegos tradicionales, con su actividad física y sus continuos cambios de dirección, permiten un estímulo adecuado del sistema vestibular (el que controla el equilibrio) y su correcto desarrollo.

Con la fuerza ocurre tres cuartos de lo mismo, y la falta de fuerza muscular les hace más complicado poder mantener una postura fija durante las clases.

“se les pide que permanezcan sentados y presten atención. Naturalmente, los niños comienzan a moverse para intentar obtener el movimiento que su cuerpo necesita desesperadamente y del cual no obtienen el suficiente como para “prenda en sus cerebros”. ¿Qué sucede cuando los niños comienzan a moverse en sus asientos? Les pedimos que se queden quietos y pongan atención, por lo tanto su cerebro se “duerme” otra vez.”

Esos movimientos rítmicos son indicadores de que existe un problema al que necesitamos poner solución. Y esta pasa por una concienciación de los padres y educadores.

 

Fruto de este artículo, se me ocurrió pedir a algunas de las madres del grupo que me respondieran por escrito a esta pregunta: ¿Qué ha supuesto tener un hijo scout? ¿Ha cambiado vuestra vida? ¿Cómo lo véis en vuestro día a día?….Y ha surgido…’’PON UN SCOUT EN TU VIDA’’.

Hoy en día es MUY IMPORTANTE proporcionar a los chavales un programa educativo complementario, que les ayude a desarrollarse físicamente de modo divertido y natural. Un programa que además preste atención a la parte psicológica, emocional, social y espiritual de cada chico.

Este programa lleva poniéndose en práctica desde hace más de 100 años pero puede haber pasado desapercibido para muchos: el escultismo. Un método genuino, divertido y que además de desarrollar la autoestima, el carácter, los recursos, la creatividad, la independencia, o la confianza de los chicos, les proporciona una sana y natural actividad.

El próximo día os traeré más ejemplos de la utilidad del programa scout.

 

El Weblog de la Roca del Consejo

 

SIEMPRE LISTOS PARA SERVIR

 

En realidad, nunca me había planteado que mis hijos fuesen scouts. Simplemente surgió la opción como una actividad más de los niños y,  la posibilidad de participar en salidas y campamentos.

La idea fue bien acogida por toda la familia, pero muy pronto entendimos que ser scout es mucho más que hacer excursiones a la montaña y “ayudar a viejecitas a cruzar la calle”.

Me he dado cuenta, que esto último es un concepto asumido por gran parte de la sociedad.  Algunos ven en nuestros hijos (con sus camisas,  pañoletas y buenas obras) reminiscencias de un pasado antidemocrático mezclado con ese “puntito Flanders”.

Al conocer al grupo desde dentro, entiendes que nada más lejos de la realidad. La tolerancia, el respeto y, la entrega a los demás son sus prioridades.

Además de los conocimientos prácticos que adquieren y de los valores morales que se les inculcan, ¡LO PASAN BIEN! Bueno, la palabra “bien” se queda corta para definir esta experiencia.¿ Os habéis fijado en la cara de los chavales cuando vuelven de un campamento? “Estoy extremadamente cansado, pero aun no quiero bajar de la nube”. Pues eso, da igual la edad que tengan, esa actitud no cambia con el tiempo.

Siempre he reconocido y valorado la labor de los scouters; pero ahora que dos de mis hijos también lo son, lo percibo tan de cerca que lo valoro mucho más.

Es enorme el esfuerzo y sacrificio de estos jóvenes, que a pesar de sus estudios y/o trabajo, dedican casi todo su tiempo libre al grupo. Una noche por semana se reúnen en consejo y no les importa trasnochar aunque a la mañana siguiente han de atender sus obligaciones. No solo tardes, sino días enteros dedicados a preparar actividades, talleres, rutas, organizar el local… Gestiones en bancos, organismos, compras… Cursos en fines de semana, reuniones  con otros grupos y un sinfín de quehaceres más que realizan de buena gana porque sí, porque son SCOUTS.

Un profesor me dijo una vez: “Educar es dar ejemplo”. En mi opinión, nuestros chicos han sabido recoger el testigo de los que un día fueron sus scouters y están haciendo una labor estupenda.

¡Enhorabuena scouters! Estoy orgullosa de vosotros.

Una madre.

Ponga un Scout en su Familia

Cuando Akela me propuso que escribiera un artículo con el lema: “PONGA UN SCOUT EN SU FAMILIA”, me resultó seductor ya que yo tengo dos. Voy a intentar resumir algunas ventajas de tener un scout en la familia:

1.- Si quieres hacer un nudo en casa para resolver cualquier situación (colgar algo, unir algo, etc.) siempre tienes cerca a alguien acreditado y dispuesto para la misión.

2.- Son tipos duros no suelen quejarse por nimiedades como la comida, los paseos, el trabajo…

3.- Están dispuestos a echar una mano cuando se les necesita.

4.- El reciclaje de residuos domésticos es otra de sus manías, por lo que es fácil hacerlos encargados de organizar la basura.

5.- Tienen capacidad de trabajo y esfuerzo, y eso en el día a día se nota.

6.- Piden poco dinero para sus gastos, son austeros y recicladores, sin olvidar que como están tan ocupados tienen poco tiempo para salir y gastar.

7.- Son resolutivos para preparar un equipaje en poco tiempo y poco espacio, los años de campamento no pasan en balde.

8.- Son capaces de montar una fiesta con pocos recursos: una guitarra, unos juegos, unos amigos y pim- pam ¡a disfrutar!

9.- No necesitan demasiadas comodidades para ser felices, pueden sobrevivir 15 días durmiendo en el suelo y compartiendo baño con 100 personas.

Este verano tuve la oportunidad de irme de campamento con ellos y me quede maravillada de como funciona la patrulla de servicio, ante el silbato todos acuden cuando se les llama. Estaría bien comprarnos un pito para casa, ¿no? La verdad  es que todos los padres que tenéis hijos scouts podéis estar muy orgullosos de ellos y seguros de que cuando tienen asumida su responsabilidad son capaces de realizar la tarea encomendada sin rechistar.

¡Menudas fregatinas que se hacían en el campamento!

Creo que nuestro paso por los scouts tanto para mis hijos como para mí nos ha enriquecido como personas, ir a los scouts no se limita a realizar unas extraescolares, es más una forma de entender la vida.

Durante muchos años, cuando ellos eran pequeños yo me he sentido apoyada por el grupo en la crianza de mis hijos, con los scouts compartía principios y valores que quería transmitir a mis hijos y ellos con su peculiar estilo de hacer las cosas han colaborado indiscutiblemente en esta difícil tarea que es educar. Ahora que el mayor de mis hijos ha asumido la responsabilidad de formar a otros chavales, me doy cuenta del estupendo trabajo realizado.

Para los padres que tenéis hijos más jóvenes quiero aprovechar para decir que los scouters se toman muy en serio su trabajo, a pesar que no les va el sueldo en el empeño.

A la conclusión que quiero llegar es que los scouts trabajan y fomentan muy seriamente unos valores  fundamentales en nuestra sociedad: respeto al medio ambiente, solidaridad y cooperación, capacidad  de trabajo y esfuerzo, actitud crítica y responsable, potencian la confianza en uno mismo y el espíritu creativo…. Y todo ello aderezado con risas y juegos, ¿alguien da más?

 

Mª Carmen Folgado Lozano

Madre de Adrián y Jorge

Pon un Scout en tu vida

 

Ser madre es muy diferente de ser educador scout. Muy diferente y mucho más difícil. Es un reto enorme intentar conseguir que tus hijos sean buenas personas, buenos ciudadanos, y puedan (y quieran) recibir una educación formal que les sirva en un futuro así como una educación en valores que les haga buenos a los ojos de los demás, y más importante, a sus propios ojos. Creo que todo ello forma parte de mi labor como madre y como persona, y también, cómo no, como scout.

Cuando recibí el encargo de este articulo pensé “esto no será muy difícil, mi marido y yo hemos sido scouts desde pequeños”.  Pero estaba muy equivocada.  Como resumir tantos años y tantas vivencias desde los dos lados de la barrera en unas líneas…

Yo había sido scout, pero llegó un momento de mi vida en que dejé el escultismo activo. Aun recuerdo mi primer campamento, mis primeras veladas (recuerdo perfectamente mi primera actuación en un fuego de campamento, cuando aun se hacían con hogueras de verdad) Y mis compañeras de patrulla, que siguen siendo “mis amigas”.  Y desde entonces, además de echar de menos campamentos y reuniones y a mucha gente, siempre me preguntaba cómo sería ver los scouts “desde el otro lado”, desde las familias. Imaginaba el día en que mis hijos recitaran su promesa, conocieran el escultismo, sintieran lo que yo sentí en aquellos momentos. Todo esto se hizo realidad el día que mis hijos entraron a formar parte del grupo.

Desde entonces he intentado seguir conectado de alguna forma al escultismo activo mediante proyectos, participando en cualquier actividad que haya surgido y ayudando al Kraal dentro de mis posibilidades. Así que cuando surgió la oportunidad de ir de cocineros al primer campamento, no nos lo pensamos dos veces.  Nos tiramos a la piscina sin ser conscientes de su profundidad.  Yo nunca había sido una cocinillas, cocinar lo justo y nunca para más de seis personas.  Pero por nada del mundo cambio esos seis años de campamentos.  Y no siempre han sido un camino de rosas, pero me quedo con el balance positivo.

Durante estos ocho años en total que llevo en el grupo, las vivencias han sido innumerables.  Sin ir más lejos, he visto evolucionar a todos los que ahora son scouters del grupo y que entonces eran unos escultas inconformistas y rebeldes.  Si, también se ha quedado mucha gente por el camino.  He sido testigo de cómo mis hijos aprendían, y aprendían mucho.  Se cuidan,  pueden preparar su comida, son valientes para la aventura, han dormido con frío, con calor… pero siempre felices. Saben orientarse con brújula y sin ella, mirando las estrellas, conocen el lenguaje Morse…  Son honrados, leales, serviciales, alegres, ahorrativos, valientes…Y vamos, no son perfectos. Tampoco pretendo que lo sean.  He estado presente en sus promesas (incluso les he puesto yo la pañoleta), en sus cambios de senda, en sus pasos de sección.  Y he vivido con ellos uno de los momentos más emotivos que guardo en mi corazón.  Fue cuando mi marido y yo renovamos nuestras promesas con este grupo, y bajo el cielo estrellado de Austria, fueron nuestros hijos quienes nos pusieron las pañoletas.  Y me sigo emocionando y llorando como cuando hice yo mí promesa.  Pero no solo con ellos, con cualquiera de los lobatos, troperos, escultas, incluso scouters. Por que se de su esfuerzo, su empeño, sus valores, su compromiso, su integridad como personas, su dedicación de hacer cada día lo mejor para el grupo, y me hace sentir muy orgullosa de ellos

Porque el compartir quince días con ellos, hace que, de algún modo, “todos sean tuyos”.  Aprendes a decir esa palabra justa en esos momentos de peleas en los campamentos, a encontrar ese algo “especial” de cada chico sin perder la paciencia. En definitiva, a trazar un circulo más grande que el de tu familia y hacer de todos tus propios hijos.

 

Y ahora empiezo a ver cómo puedo realmente seguir siendo scout y seguir cumpliendo mí promesa cada día: por medio de mis hijos, trabajando con ellos, intentando que sean buenas personas, que tenga un buen futuro, que sean felices. Eso es un proyecto.

No me voy sin decir que los scouts también me dieron otra cosa fundamental. Ellos me dieron a mi compañero en la vida, al padre de mis hijos. El hombre con el que comparto los mismos valores, los mismos que les transmitimos a nuestros hijos.

Como familia atesoramos las vivencias de noches de acampadas, nudos aprendidos, chistes al calor de un fuego de campamento, un cielo forrado de estrellas vistas desde la tienda… y la emoción profunda de escuchar a tus hijos decir: “Soy scout!”

 

Montse

 

Pon un scout en tu vida…..

Era octubre de 1992, yo era nueva en el Colegio La Salle y pasaron por las clases unos chicos del grupo scout, dijeron que el sábado se reunían, que hacían cosas divertidas,… y nos invitaban a pasar, decidí pasarme aquel sábado y ahí empezó la GRAN AVENTURA DE MI VIDA…

Yo ya tenía 15 años y entré en la Tropa en la patrulla Águilas y me enamoré, me enamoré de ser scout, de las acampadas, del grupo y por primera vez supe lo que era tener amigos de verdad, mi primer campamento fue en Posada de Valdeón, la primera aventura de mi vida, con riesgos, risas, y anécdotas que nunca olvidaré y que estarn siempre en mi corazón. Aquellos años el grupo supuso mi mayor apoyo, mi adolescencia,  con todo lo que ello conlleva fue maravillosa gracias al grupo scout, MI GRUPO

Con 19 años entré como rover en servicio con el nombre de RAMA en la manada y fuimos de campamento a Boniches, y empezó mi segunda gran aventura, en pocos años pasé a ser Akela  y en todos ellos los lobatos llegaron a ser mi preocupación por las noches y mi alegría por el día y el Kraal de scouters mis mejores amigos. Esta experiencia fue determinante en mi vida, ya que me orienté hacia la educación, estudié psicología y aun ahora pienso que aprendí mucho más en el grupo scout que en la universidad, aprendí a darme a los demás sin esperar nada a cambio, a tratar con jóvenes de todas las edades, a ser creativa, a disfrutar como una niña, a reír y soñar siempre y sobretodo a disfrutar de cada día a pesar del cansancio o los problemas.

Pero el ser scout en mi vida, supuso mucho más, en aquellos años conocí al amor de mi vida y el padre de mis hijos, él también era Scout pero de otro grupo, aunque en pocos años decidió venirse al nuestro.

Nuestra vida, nuestra familia ha estado marcada por ser scouts, empezando por nuestra boda, nos casamos el 31 de Julio del 2004, y una vez más el grupo de Scout estaba de campamento en Boniches, la fecha de campamento tuvo que alterarse para que todos pudiéramos ir a la boda, y como no, el día de padres en el campamento, decidieron mantearnos y tirarnos al río con tan mala suerte que el novio al caer se hizo un esguince ( 6 días antes de la boda), pero sin problema, solo no pudimos hacer el baile nupcial. El dia de la boda, los scouters nos secuestraron para hacernos un super regalo, un vídeo increíble con todos nuestros niños. Seguimos en el grupo hasta 2006, este año nos quedamos embarazados de nuestro primer hijo.

En la actualidad, los dos nos dedicamos a la educación, y cada día el scout que tenemos dentro nos ayuda en nuestro trabajo, somos padres de dos niños, el mayor PAU, ya es scout y Joan que por edad no puede lo está deseando, nuestros hijos desde pequeños nos decían :“papá o mamá nos cuentas un cuento de los scouts?”

Y así es nuestra vida, marcada por ser scout

Madre y Antigua scout.